Normalmente nos enfadamos con las personas que más queremos. Es posible que eso ocurra debido a que son las personas con las que mantenemos contacto frecuentemente. Ofender a un ser querido es una situación que genera una serie de controversias y que puede tener desenlaces fatales, de los que luego nos podemos arrepentir. Cuando un conflicto surge es que posiblemente el diálogo no fluye como debiera ser y no controlamos nuestros impulsos. Podría enumerar una variedad de excusas que ofrecen las personas como respuesta a dicha situación. Mencionaré las más frecuentes y refuto las mismas con las que a mi juicio podrían ser las respuestas a este dilema.
Entre las excusas más frecuentes que escuchamos están las siguientes: es que no entiendes lo que quiero decir, no me comprendes y piensas que yo no se nada, crees que lo sabes todo, yo se lo que te estoy diciendo, tú no sabes nada. Ante un conflicto lo más fácil es tratar de buscarle justificaciones a la conducta incurrida. Pocas veces aceptamos que no procedemos de la forma correcta y tratamos de defendernos constantemente. La mayoría de los seres humanos entienden que lo que piensan es lo correcto y no son tolerantes ante los comentarios de las otras personas. Cuando hablamos de tolerancia nos referimos a respetar las opiniones y prácticas de los demás, aunque no coincidan con la forma de pensar nuestra. La tolerancia es una cualidad que muy pocas personas han desarrollado, razón por la que existe tantos conflictos en la sociedad. Vivimos en una sociedad donde las competencias están presente continuamente, por lo que el individuo pretende saber o por lo menos creer que tiene más conocimiento que las personas que le rodean. Existen seres humanos que son inflexibles, en otras palabras presumen lo que dicen es lo correcto y a pesar de entender que están equivocados no dan su brazo a torcer. Dicho de otro modo son seres egocéntricos, personas que piensan primero yo, segundo yo y tercero yo. Me atrevo a decir que el egocentrismo es un mal que aqueja a más de dos cuartas partes de la sociedad. Lo que nos lleva a otro tema y es que muchos seres humanos han perdido el respeto por sus semejantes y prefieren ofenderlos antes que respetar su punto de vista.
En muchas ocasiones queremos decir algo y no sabemos como hacerlo, lo que nos lleva a expresarlo de la forma incorrecta. Cuando indico que lo expresamos de la forma incorrecta, a lo que me refiero es a que no utilizamos las palabras correctas para exponer nuestro punto de vista y ofendemos a los demás. Otra situación conflictiva es cuando hablamos sin pensar y ofendemos a los demás, por lo que es necesario reflexionar y analizar con quien estamos hablando. Otro punto que no podemos obviar es medir las palabras antes de hablar. A veces hablamos a la ligera y no medimos las consecuencias. Durante la etapa de la adolescencia es cuando esta situación es más evidente. Los cambios ante los que se encuentran los adolescentes generan una serie de inquietudes en estos. Inquietudes que les hacen sentir que son los dueños del universo y que lo saben todo. Los padres sienten que sus hijos son seres humanos extraños, debido a sus abruptos cambios y por tanto intentan protegerlos. En su afán por protegerlos tratan de orientarlos y lo que consiguen son ofensas por parte de los seres que más aman, sus hijos.
Muchas veces perdemos a las personas amadas por no entenderlas o intentar comprenderlas.
Las situaciones en las que se ofende a un ser querido traen consigo una serie de repercusiones. Repercusiones que nos lastiman y las que nos hacen reflexionar. Luego de ofender, sentimos muchas veces cargos de conciencia por la acción incurrida. Muchas veces la reflexión nos lleva a no incurrir nuevamente en una situación similar. En ocasiones es difícil sanar las heridas del otro y perdemos los lazos que eran fuertes entre las dos partes. Cuando esto ocurre el sentimiento de culpa es mayor y deja una amarga sensación. Para evitar ofender a los seres queridos es importante aprender a escuchar, tener tolerancia hacia los comentarios de los demás y aceptar nuestras culpas cuando provocamos situaciones indeseables. A pesar de que en este escrito tratamos el tema de las ofensas hacia los seres queridos, no podemos olvidar que tampoco debemos ofender a nuestro conocidos o a cualquier otro ser humano. No olvidemos que somos hechos a semejanza de un creador y debemos respetarnos unos a otros. Evitemos situaciones indeseables aprendiendo a dialogar con los demás. Es lamentable incurrir en situación que provoquen desavenencias. Lo importante es tener presente que debemos pensar antes de actuar, por lo que aprender a escuchar es lo primordial.
viernes, 16 de marzo de 2007
jueves, 1 de marzo de 2007
Los estudiantes no tienen cerebro
El pasado verano obtuve una plaza de español en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Estaba muy contenta y me dirigí a la oficina para hablar con la que sería mi supervisora. Para mí sorpresa, la maestra que dejaba la plaza vacante se encontraba dialogando con ella. La supervisora le pidió a la maestra que me orientara sobre la escuela y los estudiantes. La maestra me indicó que los estudiantes eran un desastre tanto en el área académica como en las relaciones sociales. Cuando le pregunté por las novelas que habían en la escuela, me dijo que no me preocupara mucho por eso. Me impresione ante su contestación, lo que ella inmediatamente percibió y añadió que lo que los estudiante lograrían leer sería únicamente lo que leyeran conmigo. También dijo que la comunidad era de escasos recursos y la mayoría de los estudiantes de educación especial.
Cuando llegué a mi hogar le comenté a mi esposo y mi madre sobre la convesación que sostuve con la maestra. Además, que no sabía si había tomado la decisión correcta al aceptar la plaza. Yo tenía una plaza de educación especial y la había cambiado por una de salón regular y con estudiantes de nivel intermedio en una escuela rural. A pesar de que tenía experiencia trabajando con estudiantes de educación especial me preocupaba lo que podría encontrar con los estudiantes que no pertenecían a dicho programa. Tanto mi esposo como mi madre me indicaron que no cruzara el río antes de llegar y que ellos tenían confianza en mí y lo que podía lograr. Luego de la conversación con ellos me sentí mejor.
Decidí esperar a que comenzara el año escolar. Cuando comenzamos en agosto estuve detenida en la fase de exploración. La comunidad es bien especial y los problemas sociales que arrastran los estudiantes contribuyen al poco desempeño en las tareas escolares en el hogar. No había pasado dos semanas cuando comprobé lo errada que estaba la maestra que habían tenido los estudiantes el año anterior. Pero, entendí que los estudiantes no respondían a las tareas en el hogar y que hablarles de lectura y escritura era como una maldición. Cambie las estrategias y comence a utilizar juegos, diferentes actividades de avalúo y módulos instruccionales. Un día les pedí que se reunieran en grupos de cuatro y que escribieran un diálogo sobre lo que quisieran para presentarlo a la clase. La escritura tenía sus criterios, entre los que se encontraba el uso correcto de las reglas de acentuación. A los estudiantes le agradó la idea y comenzaron a escribir. Al cabo de tres días finalizarón sus escritos y procedieron a presentarlos al grupo. La experiencia fue maravillosa y la disfrutamos todos. Mediante los escritos conocí mucho más a los estudiantes y su entorno social. Además, les demostré que tienen la capacidad para escribir y que únicamente tienen que dejar fluir sus ideas. Ellos sí tienen cerebro, pobre es el maestro que no lo descubra.
Cuando llegué a mi hogar le comenté a mi esposo y mi madre sobre la convesación que sostuve con la maestra. Además, que no sabía si había tomado la decisión correcta al aceptar la plaza. Yo tenía una plaza de educación especial y la había cambiado por una de salón regular y con estudiantes de nivel intermedio en una escuela rural. A pesar de que tenía experiencia trabajando con estudiantes de educación especial me preocupaba lo que podría encontrar con los estudiantes que no pertenecían a dicho programa. Tanto mi esposo como mi madre me indicaron que no cruzara el río antes de llegar y que ellos tenían confianza en mí y lo que podía lograr. Luego de la conversación con ellos me sentí mejor.
Decidí esperar a que comenzara el año escolar. Cuando comenzamos en agosto estuve detenida en la fase de exploración. La comunidad es bien especial y los problemas sociales que arrastran los estudiantes contribuyen al poco desempeño en las tareas escolares en el hogar. No había pasado dos semanas cuando comprobé lo errada que estaba la maestra que habían tenido los estudiantes el año anterior. Pero, entendí que los estudiantes no respondían a las tareas en el hogar y que hablarles de lectura y escritura era como una maldición. Cambie las estrategias y comence a utilizar juegos, diferentes actividades de avalúo y módulos instruccionales. Un día les pedí que se reunieran en grupos de cuatro y que escribieran un diálogo sobre lo que quisieran para presentarlo a la clase. La escritura tenía sus criterios, entre los que se encontraba el uso correcto de las reglas de acentuación. A los estudiantes le agradó la idea y comenzaron a escribir. Al cabo de tres días finalizarón sus escritos y procedieron a presentarlos al grupo. La experiencia fue maravillosa y la disfrutamos todos. Mediante los escritos conocí mucho más a los estudiantes y su entorno social. Además, les demostré que tienen la capacidad para escribir y que únicamente tienen que dejar fluir sus ideas. Ellos sí tienen cerebro, pobre es el maestro que no lo descubra.
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